Tiene 17 años y es hijo de un policía: lo acusan de matar a un chico de 14 años, se conducia en un auto robado

Ocurrió en Los Hornos. Otros tres adolescentes estaban con ellos dentro de un Ford Ka, el menor sacó un revólver de la guantera y dijo “le voy a pegar un tiro a Tomy” y disparó. El auto era robado.

 

“Le voy a pegar un tiro a Tomy”, dijo el pibe, y se lo pegó. Tomy tenía 14 años, vivía a unas tres cuadras de donde fue herido y murió en un hospital. El acusado de haberle  disparado tiene 17 años, antecedentes penales y es hijo de un policía. Al menos uno de los otros tres chicos que estaban junto a ellos también es hijo de un efectivo de la bonaerense. Todos venían de bailar. Y andaban en un auto robado a punta de pistola hacía pocos días, según informaron fuentes de la fuerza y judiciales.
El terrible episodio salió a la luz a las 5.30 de la mañana, cuando un patrullero de la comisaría Tercera recorría las calles de Los Hornos y al llegar a 135, 62 y 63,   vieron a un adolescente tirado en la calle, agonizando y con un impacto de bala en el pecho. Lo rodeaban otros menores, pero lo primero que hicieron los policías fue apurar la llegada de la ambulancia que lo trasladó al hospital San Juan de Dios. Los médicos no pudieron hacer demasiado y el chico, identificado como Tomás Matías Pérez Guerrero, falleció poco después de ingresar a la guardia.
Para entonces, la escena se había llenado de patrulleros y uniformados. A los de la Tercera, bajo las órdenes de Willfredo Villca, se le sumaron los detectives de la DDI, junto a su  jefe, Juan Ibarra y el de Operaciones, Pedro Beltrame.
Los investigadores no tardaron en ubicar a tres adolescentes de entre 15 y 16 años que se constituyeron en testigos claves del caso, ya que estaban junto a la víctima y el victimario cuando ocurrió todo. Contaron que habían ido a bailar a un boliche ubicado en 511 y 14 y que, al salir, el mayor del grupo, de 17 años, se ofreció a llevar al resto hasta Los Hornos, donde viven. Por tratarse de un menor, se lo identificará por sus iniciales: M.P.
Se subieron al Ford Ka rojo patente CRN 918 y enfilaron para esa populosa localidad. Los testigos coincidieron en declarar que “no hubo nada extraño”, ni una pelea o entredicho que permitiera adivinar el terrible final de ese viaje. Eso sí, uno de ellos habría relatado que antes de llegar al boliche M.P. les mostró un arma de fuego, pero al parecer ninguno lo tomó en serio.
Lo que se reconstruyó en la causa es que a las 5.20 de la mañana este adolescente detuvo el Ka en 135 entre 62 y 63, sacó un revólver calibre 38 Special de la guantera, se dio vuelta y le apuntó a Tomás, que estaba sentado en el asiento trasero. Los testigos revelaron que “cargó el arma y dijo le voy a pegar un tiro a Tomy”, antes de apoyar el caño en el pecho de la víctima y tirar del gatillo. Los testigos hablan de “varios disparos”. En el tambor había un par de vainas servidas. La autopsia determinará cuántos balazos recibió el adolescente, pero a simple vista se advierte que fueron ejecutados a quemarropa.
De acuerdo a la versión oficial, los amigos de Pérez Guerrero lo sacaron del auto y trataron de asistirlo, mientras M.P. “se retiró para ocultar el Ford Ka y volver a la escena, donde fue aprehendido”, dijo un jefe policial a Trama Urbana. El acusado argumentó en primera instancia que la víctima había sido herida por dos ladrones que habían intentado robarle el auto, pero la coartada se derrumbó cuando uno de los testigos se quebró y, por intermedio de su padre, entregó el revólver que había tomado de la escena para evitar que desapareciera. Además de las dos vainas servidas, el arma tenía un cartucho intacto en el tambor.
Un rato después, el Ford Ka fue hallado en 63 entre 134 y 135. Entonces se pudo establecer que tenía pedido de secuestro del 18 de marzo de 2011, cuando su dueña denunció el robo del mismo en la comisaría Quinta de la ciudad.  
La mujer declaró que un sujeto se lo quitó a punta de pistola, cuando estaba por llegar a su domicilio. El miedo le impidió verlo demasiado, pero la descripción que hizo del ladrón coincidiría con las características del menor ahora detenido por el crimen.

El dolor de los allegados a Matías

Matías Tomás Pérez Guerrero vivía con su familia en un chalecito ubicado en 132 entre 63 y 64, a pocas cuadras de donde recibió el disparo que terminó con su vida. Allegados suyos contaron a este medio que “estudiaba, trabajaba para sus gastos y era un buen pibe”. Tenía dos hermanos de 8 y 18 años. Uno de sus amigos, que al parecer también conocía de vista al acusado del crimen, especuló con que “seguramente se le escapó el disparo”. Pero los testigos presenciales del hecho cuentan otra cosa. Se trata de los otros tres amigos que estaban en el Ford Ka al momento del hecho, y uno más que formaba parte del grupo que había ido a bailar pero regresó con otros amigos en un remís, detrás del primer coche. Los restos de Matías eran velados esta madrugada en la casa Los Hornos Sepelios, de la avenida 66. Hoy serán inhumados, desde las 11.15, en el cementerio local.

Acumula antecedentes por distintos delitos

El fiscal del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil, Juan Benavídez, dispuso caratular el caso como “homicidio, robo calificado automotor y tenencia de arma de guerra”, delitos por los que indagará a M.P. en las próximas horas. Mientras tanto, quedará alojado en un instituto.
Distintas fuentes policiales consultadas por Trama Urbana coincidieron en informar que el adolescente acusado del crimen de Tomás Matías Pérez Guerrero tiene “antecedentes desde hace por lo menos dos años e ingresos en varias comisarías de la ciudad”, pero, sobre todo, en la de Los Hornos. “Es que casi siempre vive ahí junto a la madre, pero cuando ella se enojaba porque caía detenido, se iba con el padre, que vive en Villa Elvira”, explicó uno de los voceros. El padre es un oficial del área de Comunicaciones de la Policía bonaerense. Retomando los antecedentes del pibe, las fuentes destacaron que entre ellos figuran por “tenencia de estupefacientes, tenencia de arma de fuego, encubrimiento por circular con motos robadas y también por robo”.
En cuanto al arma secuestrada ayer en la escena, tiene la numeración intacta y está registrada a nombre de una persona domiciliada en Tolosa. Según los investigadores, nunca fue denunciada como robada y el titular no es integrante de la fuerza.
Con respecto a la víctima y los chicos que formaban parte del grupo que había ido a bailar, un alto jefe de la pesquisa aclaró que “no tienen antecedentes, pero participan en
este peligroso juego de juntarse con chicos más grandes y pesados”.

Fuente: Diario Hoy