Un grupo de padres frenó un viaje escolar porque el micro estaba dañado

Un grupo de adolescentes esperancinos estaban por partir a Mendoza. Cuando el ómnibus que los iba a trasladar arribó a la terminal los adultos detectaron deterioros en la carrocería y las cubiertas.

El lunes, a las 19, un grupo de 70 chicos de 15 y 16 años, colmó con bolsos y mochilas la terminal de ómnibus de la ciudad de Esperanza. Estaban a punto de emprender un viaje escolar hacia San Rafael, Mendoza. Pero cuando el ómnibus que los iba a trasladar frenó en la dársena, se borraron las sonrisas y se silenciaron los cánticos adolescentes. La unidad que les había asignado la empresa privada que contrataron –a simple vista– no cumplía con las condiciones básicas de seguridad.
Sin una inspección profunda, los padres, profesores y directivos del colegio San José, de la ciudad de Esperanza, detectaron que los parabrisas estaban pegados con cinta adhesiva y que las cubiertas estaban tan gastadas, que ya no tenían las huellas marcadas.

El precio más caro
“Cuando vimos cómo estaba el colectivo llamamos a la empresa y les exigimos que nos envíen otra unidad. Hacía meses habíamos organizado el viaje, que lo estábamos pagando y nos habían prometido otro colectivo. Contratamos una empresa de la ciudad de Santa Fe porque es muy reconocida y con mucha trayectoria. El precio es más caro, pero uno supone que justamente por las referencias que tiene va a ser una empresa más seria y que puede garantizar, por lo menos, un transporte en buenas condiciones”, cuestionó la madre de uno de los estudiantes, en diálogo con Diario UNO.

 —¿Cuál fue la respuesta de la empresa cuando les exigieron otro micro?
—Nos dijeron que no tenían otro colectivo. Que ésa era la unidad que teníamos asignada y que viajábamos con esa o no viajábamos. Fueron terminantes, pero nosotros también, los chicos a ese ómnibus no se iban a subir.
—¿Les mostraron alguna constancia de habilitación?
—Sí, vimos los papeles y estaba habilitado. Es un vehículo modelo 2005. Pero no era el de la foto, que ellos (por la empresa) nos mostraron y además, a simple vista –por más que esté habilitado en los papeles– se veía que con ese colectivo no se podía viajar. Es un peligro.

 —¿Que daños tenía el vehículo?
— Lo primero que se veía eran los vidrios rotos y pegados con cinta. Sobre todo el parabrisas lateral y de frente. Imaginate que si eso levanta velocidad se le puede caer encima a un chico. Pero, además, las cubiertas de las ruedas estaban absolutamente lisas, ya no tenían más huellas. También había cuestiones que hacen al confort, como los asientos todos rotos, que es una cuestión menor en comparación con lo demás, pero aún así, en un viaje de más de 10 horas es algo a tener en cuenta. Todo esto que te nombro lo vimos sin hacer una inspección profunda. Me imagino que ese colectivo debe tener otro tipo de problemas que con una inspección mecánica se detectan.

Entre paisajes cuyanos
Finalmente, los chicos pudieron viajar. A último momento los docentes y los padres lograron contratar un colectivo de otra empresa, que les costó cinco mil pesos más, para que los estudiantes pudieran ir a Mendoza y no perdieran todas las excursiones que tenían contratadas. Ayer a la mañana, los adolescentes ya recorrían los paisajes cuyanos. Pero en Esperanza, la despedida amarga aún estaba en boca de toda la ciudad.
“Es imposible que un vehículo en esas condiciones pudiera completar los más de 1.000 kilómetros de distancia que separan a Esperanza de San Rafael. Cuando nosotros vimos cómo estaba fue una situación horrible. Teníamos a todos nuestros hijos listos, con la emoción de semejante viaje y un colectivo absolutamente precario. Vemos a diario los accidentes terribles y estos empresarios, con total impunidad, nos dicen que el colectivo está habilitado, es una vergüenza”, sintetizó la mujer.

 Control y sorpresa
Un caso con ribetes similares al de los chicos de Esperanza se produjo el viernes 11 de noviembre en Belgrano, Buenos Aires. Unos 50 alumnos de séptimo grado de la localidad bonaerense de Belgrano estaban por salir de viaje hacia La Falda, Córdoba.

 Pero al padre de una alumna se le vino a la mente el chofer borracho que terminó protagonizando la muerte de nueve alumnos y un docente del colegio Ecos y fue así que pidió al gobierno de la Ciudad que fuera a la puerta del colegio a controlar que los conductores no salieran a la ruta alcoholizados. Y ahí la sorpresa. Uno de ellos tenía 1,67 gramos por litro de alcohol en sangre: la evidencia de unas nueve copas de vino. Pero el hombre no les dio tiempo a nada. Cuando los padres estaban empezando a indignarse, se fugó. Los alumnos tuvieron que esperar hasta las 8 a que la empresa envíe un chofer sobrio. Y ya llamaron desde La Falda para decir lo que esperaban: llegaron bien.

Diario Uno