“No hay noción de la fatalidad”

Es lo que plantea el psicoanalista Adolfo Faya, que hace años que estudia la “psicología del tránsito”. En su visión, el problema es que los conductores no son conscientes del riesgo de muerte. Las motos lideran una estadística que asusta: en tres meses, la guardia del Cullen atendió a más de 1.200 motociclistas.

Ilustrativa

“La muerte viaja en moto”, tituló El Litoral el viernes 9 de diciembre. Pasaron los días y, sistemáticamente, los accidentes de tránsito que involucran motos elevaron el número de muertos y lesionados tanto en la ciudad como en el resto de la provincia. Sólo en una semana, seis personas perdieron la vida en el territorio santafesino en diversos episodios, según publicó este diario. De hecho, en el Servicio de Guardia del Hospital José María Cullen hubo 1.234 atenciones por accidentes en moto, en tan solo 90 días.

Si se tiene en cuenta que durante el trimestre comprendido entre septiembre, octubre y noviembre, el total de atenciones en ese hospital público por siniestros (se registran los accidentados en todo tipo de vehículos y también peatones afectados) asciende a 1.782 sucesos. Los lesionados por circular en motos (1.234) representan el 69,24 %.

Para el psicólogo y psicoanalista Adolfo Faya, lo más preocupante es que la mayoría de los conductores no tiene noción del riesgo de muerte. “Ya no se puede esperar que la persona que maneja una moto o un auto cuide su propia vida y la de los demás. En 1915, cuando Freud vio la carnicería humana que era la Primera Guerra Mundial dijo: ‘Nadie cree en su propia muerte, en el inconciente todos estamos convencidos de nuestra inmortalidad’. Deberíamos creerle y aplicarlo en las políticas viales”, aseguró el especialista en psicología del tránsito.

Faya recibió a El Litoral bien temprano, en la tranquilidad de su consultorio. Entre mates y un diván negro como testigo inerte, el psicólogo puso énfasis en la problemática de la alta siniestrialidad de las motos como correlato de la falta de reconocimiento a la autoridad y al semejante.

—¿A qué obedecen los reiterados accidentes de tránsito con motos como protagonistas?

—Principalmente porque hubo un mejoramiento en la capacidad adquisitiva en la sociedad. Este fenómeno se produce, generalmente, en sociedades en las cuales hay un crecimiento económico, entonces un gran porcentaje de la población reúne las condiciones para tener una moto. Además, se piensa que es una manera de alcanzar un estatus o determinado nivel de vida frente al resto.

—¿Qué se puede hacer?

—Es fundamental educar en el sentido ciudadano para que haya una comprensión de que la habilitación (el carné) es una aprobación ciudadana que tiene una persona para conducir, por lo tanto debe respetar leyes. Si una moto es signo de progreso económico, mejor confort, herramienta de trabajo, objeto de seducción y prestigio, etc., ¿no es lógico que el dueño quiera mostrarse y no taparse la cara con un casco?

—¿Cuáles son las herramientas para generar un cambio?

—Un paso preliminar sería el relevamiento de todos los accidentes viales en la provincia para analizar las causas de cada accidente y pensar las posibles soluciones. De alguna manera, es lo que hace la gente de aeronáutica con cada accidente aéreo: un estudio en profundidad que permite construir modelos de prevención menos abstractos y más pragmáticos. Sin embargo, en el tema de accidentología hay que utilizar todas las herramientas, porque es un problema muy complejo y produce mucho daño individual, social y familiar.

— ¿La conciencia y la responsabilidad ciudadana también es clave?

— Sí, tiene que ver con la sociedad o la ciudad que pretendemos: si queremos conciudadanos que cedan el paso al peatón, que circulen tranquilos por su derecha dejando libre su izquierda, motociclistas que renuncien al mostrarse por el uso de un casco, ciudadanos que vean a los inspectores de tránsito como representantes de la autoridad legal que busca su cuidado, seguramente el carnet de conducir será una habilitación ciudadana, un verdadero diploma; si no, será la ley de la selva, el tránsito será un caos, la autoridad será meramente un obstáculo a los fines de la picardía y destreza individuales.

El Litoral.com