Hacia donde vamos

Por: Fabricio Abasto*

Hace un par de semanas leí un articulo periodístico publicado en el diario “EL PAÍS” de Uruguay que llamo mi atención, y me puse a reflexionar hacia donde estamos yendo: Hoy con mis 36 años y con la expectativa de llegar a los “70” espero ver algunos cambios en la sociedad, no es que halla perdido la esperanza de ver que por ejemplo como algo cotidiano de la vida, tomar de la mano a ese disminuido visual y cruzarlo de acera; pasamos por al lado como si fuera un tacho de basura de los que colocan la municipalidad en las equinas, que solamente nos detenemos para tirar nuestros desechos… “He… Se hace el ciego para mangar… Seguramente te va a punguear, y un largo etc.” pareciendo que ciertas limitaciones orgánicas nos harían antinatural, alardeando del estereotipo perfecto de las revistas de moda, y nos rasgamos las vestiduras y criticamos enfáticamente el genocidio de Hitler por buscar la raza perfecta; nuestra verborragia despectiva se ha hecho moneda corriente, el consumismo masivo de detractaciones  mediáticas, ídolos de porcelana, himnos de barbarie en el coliseo romano llamados cancha de fútbol, en un país enserio no existirían los Jacobo Winogrand,   los Suller, los Cirio y discúlpenme si me olvido de varios; en un país en serio no se suicidarían los Gianni Lunadei, Mirko Saric, Rene Favaloro, que no entendieron este perverso sistema; y tantos que nos dejaron un legado de servicio al prójimo, para nuestros hijos y generaciones futuras.

Articulo publicado en el diario “El Pais” por: 
 
Leonardo Guzmán
 
El 27 de diciembre de 1831 -hace 180 años- Charles Darwin iniciaba el viaje alrededor del mundo que iba a generar su teoría de la evolución de las especies por supervivencia de los ejemplares más aptos. Salió de Inglaterra por un año. Volvió a los cinco.
Cuando se embarcó en el Beagle, con apenas 22 años, había abandonado sus estudios de medicina y tenía más curiosidad que títulos. Carecía de postgrados y no acumulaba diplomas de congresos ni jornadas. Para la ciencia tenía lo fundamental: quería comprender. Y así salió a indagar sobre geología, mineralogía y todo lo que entonces se llamaba historia natural.
 
Recorrió América entre asombros. Se detuvo en el pequeño bivalvo, en la caparazón del gliptodonte, en los hielos de la Patagonia y en los quelonios galápagos ecuatoriales. Valoró las costumbres según los climas. Sin título, fue antropólogo, sociólogo, psicólogo y soñador. Intuyó uniformidades, simetrías y correspondencias de las que fue infiriendo leyes. Su trabajo fue un modelo anticipado de la enseñanza que Bachelard iba a impartir un siglo después: una mirada activa y persistente obtiene siempre nuevas respuestas. Un modelo, sí, valioso para la época actual, donde el pensar se esclerosa y el crear se achica a fuerza de corte y pegue.
 
Darwin estableció las bases científicas para una visión unificada de la vida. Con él, la biología dio uno de los saltos más importantes de su historia. Cuando empezó la travesía, hacía 5 años que Comte publicaba su Curso de Filosofía Positiva; hacía un año y medio que el Uruguay había jurado la Constitución; faltaban casi 30 años para que el propio Darwin madurase las descripciones de su Diario de Viaje y, manejando por vías propias la idea evolucionista de Lamarck, publicase uno de los libros científicos con más repercusión en las calles: El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida.
Su ideario emparentó el origen del hombre con todas las especies zoológicas. A finales del siglo XIX y principios del XX, su concepto de la evolución apareció inconciliable con la creación divina, a tal punto que el darwinismo fue sinónimo de ateísmo hasta que algunas concepciones globales -notablemente el transformismo de Teilhard de Chardin- hicieron compatible a la evolución con la idea de Dios.
 
Después todo cambió. Desde los años 60, se llamó darwinistas no a los evolucionistas sino a cultores del “todo vale” y adoradores de “el pez grande se come al chico”. En medios supuestamente refinados, el darwinismo pasó a usarse como pretexto light para justificar agresividades y amoralidades y para endiosar apetitos e instintos, viendo en el hombre solo lo animal. A la vista de la clase de convivencia que generan esos cultores de la brutalidad, tal género de darwinismo hoy está eclipsándose.
Pero por encima de las exageraciones, Darwin tendrá siempre un lugar en la historia del pensamiento porque sus trabajos cambiaron nuestra mirada sobre la Naturaleza y porque siempre será ejemplar la actitud del muchacho que, con poco más de 20 años, se embarcó para y en pensar por cuenta propia.
 
Simplificándolo, se repitió que el hombre desciende del mono.
 
Pero leyendo las crónicas policiales de estos tiempos, sentimos que el hombre -asaltando con pasta base o usando el automóvil como arma- está descendiendo al mono.
 
Y, peor aun, se está convirtiendo en lobo del hombre, como sintió Thomas Hobbes dos siglos largos antes que su compatriota Darwin.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/111230/predit-615654/editorial/los-darwinismos/

Pero una reflexión de Albert Einstein me renueva las expectativas, y me hace creer que no hay imposible si le ponemos pasión a las cosas que emprendemos…

La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.

Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado”.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones”.

“Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

*Presidente de la A.Per.V.Re.Q.