Sancionar drásticamente para evitar accidentes de tránsito

En un artículo publicado recientemente por un estimado y admirado amigo, se sostenía que los accidentes de tránsito no deben ser considerados siempre culposos, sino a menudo dolosos, lo que me exime de recurrir a las citas y disquisiciones de Derecho Penal que al efecto se necesitarían.

En síntesis y con palabras pobres, el núcleo de la cuestión es el siguiente: las infracciones penales se cometen por dolo o por culpa. Hay dolo cuando se busca a propósito un resultado dañino; culpa, si el sujeto no tenía una intención criminosa pero por “descuido” perjudica a otro.

El dolo es de distintas clases. Directo, cuando se busca un resultado específico y se obtiene; por ejemplo, dispararle y matar a alguien. Indirecto, si el efecto excede a la intención: se quería solo golpear a una persona y se le mata. Eventual, si no existe la intención de cometer un daño, pero el sujeto observa una conducta riesgosa, idónea para causarlo y, no obstante, percibir la posibilidad del perjuicio persiste en dicha conducta. Justamente como quien maneja un automotor sin intención de matar, pero lo hace de tal forma que previsiblemente podría provocar un accidente mortal. Advierte la posibilidad, a pesar de ello sigue manejando en la misma forma y atropella letalmente a una persona.

En El Salvador, la ley y los jueces (estos en parte forzados por aquella) consideran “culposos” todos los accidentes de tránsito. Por tanto, la pena es leve y excarcelable. Huir del lugar del accidente, el exceso de velocidad, el mal estado del vehículo, etcétera, no tienen pena en sí mismos. Son solo presunciones de culpabilidad; es decir que aun cuando se comprueben, en la peor de las hipótesis, solo llevan a las dichas “penas”, leves y excarcelables.

De estas y otras circunstancias se deriva la irresponsabilidad, la temeridad y la impunidad que llevan a “accidentes” que en realidad son crímenes horrendos, los delincuentes armados y los delincuentes motorizados son las peores plagas que en estos días sufre nuestro pueblo.

Sin poder argumentar sobre cada una en este momento, se debieran tomar –entre otras– las siguientes medidas legislativas:

a) Que el conductor huya del lugar del un accidente debe ser delito en sí mismo, independientemente del daño causado o la responsabilidad que tenga en el mismo.

Para el conductor que huya habría la excusa absolutoria; es decir, se le eximiría del delito de huir si se presenta dentro de las 24 horas a la autoridad correspondiente.

El que permanezca en el lugar no sería arrestado si tiene sus documentos en regla, que la autoridad constate la veracidad de su identidad y determine los lugares donde puede ser encontrado.

En ambos casos, según las circunstancias del hecho, podrían retenérsele el vehículo o los documentos, o exigírsele garantías de estar a las resultas del proceso.

b) Los daños materiales, las lesiones o la muerte de personas serían considerados dolosos y, por tanto, sometidos a las sanciones del Código Penal si ocurren por excesiva velocidad (considerando el lugar y el vehículo), por maniobras temerarias, por embriaguez, defectos mecánicos previsibles y otras circunstancias similares.

c) Conducir un vehículo de transporte comercial de personas o de carga pesada en las condiciones precisadas sería también un delito autónomo, aunque no se cause ningún daño.

d) Cualquier persona podría denunciar los dos tipos de delitos precedentes y los ofendidos; es decir, sus testimonios serían prueba válida.

e) Todo propietario de un vehículo que no lo maneje personalmente debe proporcionar las generales y direcciones exactas del conductor, so pena responder como encubridor.

f) Dadas la urgencia y la drasticidad de estas medidas, podrían ser transitorias hasta que mediante ellas e intensas campañas educativas se elimine la irresponsabilidad verdaderamente criminal de muchos conductores de hoy día.

La Prensa Gráfica El Salvador