Malvinas, una esperanza latinoamericana

Para el mandatario, y parafraseando a Osvaldo Bayer, las Islas son latinoamericanas. Propone como vehículos de integración y reivindicación el conocimiento, las artes y la política.

Francisco Pérez – Gobernador de Mendoza

 Tres décadas de perspectiva nos hacen ver el hecho histórico del desembarco de las tropas argentinas en Malvinas con unos matices hoy mucho más ricos y esperanzadores que los que tuvimos allá, más cerca en el tiempo de los sucesos bélicos. Hoy Malvinas para los argentinos es sinónimo de reivindicación, de memoria, pero por sobre todas las cosas, de acciones del presente.

El momento histórico que vive América del Sur permite pensar en la causa de la recuperación de Malvinas como algo verdaderamente posible; la factibilidad la da la fortaleza de nuestro bloque de países democráticos orientados en conjunto desde la Unasur y proyectados con personalidad en el concierto internacional.

Hoy la identidad latinoamericana es un concepto que ha salido de los discursos para convertirse en una verdadera herramienta, en un arma de paz trascendente, superadora de aquel intento bélico de hace 30 años. Una gesta patriótica de los chicos que combatieron con lo poco que había a su alcance y en el marco de las decisiones de una dictadura que intentaba perpetuarse en el poder de modo indefinido.

Es duro decirlo, pero la sangre de aquellos más de 600 muertos  en el Atlántico Sur, sumada a la de los 30 mil desaparecidos, fue la que nos permitió recuperar la democracia.

Mendoza aportó 17 vidas a Malvinas. Hoy, en democracia, podemos honrar a aquel grupo de héroes comprovincianos ejerciendo la política de un modo sincero, sumándonos a la impronta de nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que nos impone, con la nobleza de su carácter, que nos involucremos en la causa Malvinas desde la militancia política, llevándola a cada foro interno o externo, promoviendo la integración de las voluntades nacionales aunadas a un sentir latinoamericano.

Porque Malvinas ya no es únicamente una causa argentina, o de un sector de los argentinos, como lo fue durante mucho tiempo, ante la indiferencia de gran parte de la sociedad y de la dirigencia, sino que la recuperación de las Islas por vía diplomática es un objetivo que involucra a nuestros países hermanos.

El intelectual Osvaldo Bayer, un hombre íntegro y de convicciones pacifistas, ha inaugurado el concepto de “Malvinas latinoamericanas”, ya no solamente argentinas, sino que las Malvinas son latinoamericanas.

La fuerza de estas palabras pone de cabeza la lógica habitual sobre el asunto, en el que los arquetipos reforzados por décadas nos mostraban a un grupo de descendientes del Imperio Británico, los llamados kelpers, de espaldas a un país, la Argentina, que reclama la legítima propiedad del lugar en el que habitan.

La idea de “Malvinas latinoamericanas” le da sentido al esfuerzo de nuestros jóvenes en las Islas, a la muerte de tantos chicos que se metieron en la historia haciéndose un lugar entre el frío, el hambre y el desconcierto.

Esta nueva visión latinoamericana de Malvinas y su contenido reivindicatorio nos hace participar de una realidad diferente: la integración de las Islas y sus tradicionales habitantes a la realidad de un continente en crecimiento, con una dinámica absolutamente vital, con noción plena del ejercicio de los derechos y de las libertades individuales.

Sigo citando a Bayer también para sumarme a sus propuestas de encontrar los medios de ofrecer becas en las universidades argentinas a los malvinenses y de realizar, por ejemplo, jornadas de intercambio científico entre los profesionales de las Islas y los hombres de ciencia de América Latina.

El Estado debe accionar y gestionar para proteger y reivindicar a los veteranos de aquella guerra de hace 30 años; combatientes tan adolescentes entonces la mayoría  que aún son hombres muy jóvenes.

Desde hace tres años a la pensión nacional se agregó un aporte por ley provincial para los 400 veteranos que habitan nuestra provincia.

Ellos y sus grupos familiares suman 1.500 personas que reciben una completa asistencia sanitaria al veterano de guerra por parte del Pami.

Seguramente las reivindicaciones son escasas, todo lo que podamos hacer hoy para valorar el paso por el infierno de la guerra es poco. Pero seguramente les alivia saber que su esfuerzo no ha sido vano y que es un ejemplo constante cuando pensamos en la entrega que un hombre puede hacer por sus compatriotas.

La causa Malvinas está mucho más allá de la  decisión de una cúpula antidemocrática y del lamentable accionar de los mandos militares, hoy completamente desnudados por la desclasificación del informe (Benjamín) Rattenbach; desclasificado en sus 17 tomos por orden de nuestra Presidenta, donde se detallan los estropicios y la falta de la más básica  destreza militar de los encargados de organizar el conflicto e impartir las órdenes.

El vergonzoso accionar en combate del capitán Alfredo Astiz, hoy condenado por crímenes de lesa humanidad, quien se rindió en las Islas sin oponer resistencia, es una muestra clara de lo que decimos.

Soy optimista sobre el futuro de la causa Malvinas y me inclino a pensar que la progresiva recuperación de la soberanía se dará mediante lo mejor de nuestra sociedad: el conocimiento, las artes y la política.

El camino de la reivindicación es firme y lo estamos transitando; éste es el momento histórico para reconocer la memoria de los que murieron en combate, para mejorar el presente de nuestros veteranos y también, desde la gestión política y la militancia constante, sentimos que es el tiempo en el que el desafío del diálogo y la negociación hará posible el sueño de Malvinas integradas a la Gran Patria de América Latina.

Diario Los Andes