Lo que para la oruga es el final, el resto lo llama mariposa…

Pareciera que el universo conspirara para que todas las cosas tengan un comienzo, y un final… El secundario, para comenzar la universidad; el desamor, para que vuelvan a amarl@; ser hijos, para convertirnos en padres, y graduarnos de abuelos. Que es lo realmente importante de cada etapa; el trayecto… Y haberlo transitado con la pasión descomunal, e irracional que solo aquellos que lo padecemos logramos entenderlo, es irónico que esa patología nos haga feliz.

Por Fabricio Abasto*

La pucha que si he disfrutado el camino, y al parecer fue un chasquido de dedos, como se me pasaron estos 9 años de llevar el timón, y otros tanto gestando el barco. Como fue que fui cosechando amigos, caminos, pasiones, amores… También desengaños, soledades y reproches, pero fueron los menos. Hoy en el ocaso de una nueva etapa en mi vida, solo resta el eterno agradecimiento a Dios por permitirme tener el discernimiento de entender que para mí, todo esta cumplido, ya no tengo mas para dar; a aquellos que me han acompañado a transitar el camino que nos llevo a la casa que alberga a tan prestigiosa comunidad, CIDePA. Nombrarlos, seria faltarles a algunos, y no quiero;  me siento privilegiado y dichoso de haber hecho lo que me apasiona, y haber abrazado con amor la profesión que me puso en esta situación; y hoy entiendo como se sentía mi vieja, y creo que todas las viejas, cuando sus hijos crecen y vuelan, al principio es un cumulo de incertidumbre, “¿van a poder?, ¿sabrán?, ¿como estarán?”; porque eso fueron, “MIS CHIC@S”, siempre pueden, siempre saben, y están bien… Ellos se quedan en la casa, y no con un extraño, sino con el abuelo, porque para mi “el gordo”, fue mi padre institucional. Así como mi vieja me sigue esperando todos los domingos a comer, sabiendo que estoy a mas de 500 KM, porque ese amor es irracional, yo los espero por mas que las distancias sean abismales, sonriendo con cada uno de sus logros, y acompañando en algún truncado.

P.D.

Reflexión:  Parafraseando al prócer…

Próximo a mi salida, debo reconocer que no dejo bienes materiales. Los he considerado siempre una pesada carga para la hermosa tarea que me habían encomendado. Me reprocho algo, Sí… No haber sabido o podido poner a la profesión en el reconocimiento del estado, ese estado que nos utiliza en la función pública, y nos desconoce en lo privado. No puedo decir que no haya cometido errores. He cometido errores, pero los errores que cometí fueron por la premura con que quise poner a mi comunidad en donde en mi pensamiento y en mi corazón ya la había puesto. Y así como Jesús perdonó a la Magdalena porque había amado tanto, espero que mi comunidad me perdone porque mis errores fueron fruto de mi inmenso amor por ella.

*Elfabri